martes, 7 de febrero de 2017

Cosas que no te apetecen el último mes de embarazo

El último mes de embarazo es durillo, sí, eso es innegable. Y, particularmente algunas cosas se complican bastante las últimas semanas:

Probarte zapatos o calzarte a diario: entre los pies hinchados tamaño elefante y superar la barriga Everest... se hace un mundo.
Tampoco hace falta calzarse así, Kim.


Recoger cosas del suelo: a mí, se me cae algo y lo veo dirigirse hacia el suelo a cámara lenta mientras mi cerebro dice noooo. Entonces, me espatarro y agacho abriendo las rodillas en forma de rombo y, 10 segundos después, alcanzo el objeto.

Nooooooo, no te caigas, noooooo.

Levantarte: así en general, tanto de un sofá como de la cama, esto ya es demasié. El tamaño de cetáceo es un gran hándicap para la movilidad. Ya cuando te sientas en el suelo a calzar o jugar con tu primogénito podrías cobrar entradas por el ejercicio acrobático que supone ponerte en pie. Que no sabes si partir de ponerte a cuatro patas, clavar las uñas en la pared, apoyarte en la cabeza de tu hijo o qué hacer.



Salir de la bañera: a mí esto, como que me va dando miedín. La barriga desestabiliza mucho y el agua resbala, mezcla explosiva. El otro día casi me pego un piñazo que pa qué así que ya solo me ducho estando el maromo en casa y me agarro locamente al radiador toallero.

Si le quitas la pose pseudosexy y los pelánganos y le añades barriga, podría ser yo.

Ponerte las medias de comprensión: si tenéis la suerte que llevarlas por padecer varices sabéis de que os hablo. Para las que no, os resumo. Son unas medias que podrías dejar a una docena de gatos y no serían capaces de sacar una sola carrera. Así son. Son menos elásticas que un anciano de 90 años. Y, siendo así, pues aprietan. Así que os figuraréis. El primer escollo es que pasen el talón. A partir de ahí es cuestión de ir subiendo poco a poco pero claro, pierna para arriba y tripa en medio... complicado. Además se enrollan o se remete la banda de silicona que llevan para que se sujeten al muslamen. No os digo más que yo procuro ponérmelas antes de que El Santo se despierte (para hacerlo sin estrés) y que lo hago en ropa interior de los sudores que me entran. Un espectáculo, vaya.


Intentando dilatar un poco la dichosa media...

Darte la vuelta en la cama: yo en este embarazo hago una cosa un poco rara, como que lo hago a saltos. Dado el preñamiento tan agradable que llevo, tengo que dormir en plan vampiro, boca arriba (que no es mi posición natural) e incorporada. Bonita estampa. Pero, claro, el cuerpo pide cambios de postura y lo que recuerdo, porque lo hago medio grogui, es como que levanto la cadera y me empujo. Digno de gimnasia rítmica. Lo malo es que en un alto porcentaje de las veces me entran ganas de potar y acidez y tengo que "saltar" de nuevo y volver a mi posición draculina.

Se asemeja bastante a esto pero rotando.

Frungir o el perezón máximo: qué queréis que os diga, no tengo el chichi pa farolillos, nunca mejor dicho. La tripa es un obstáculo, y no lo digo metafóricamente, bastante difícil de salvar. Eso por ahí, Luego también están las náuseas y acidez unidas a que yo lo que quiero es dormir. Finalmente, con El Santo, hicimos la gracia de darle al tema el día que salía de cuentas y a las horas empezó a salir líquido amniótico porque, al parecer, tuve una fisura. No sé si mi marido es el negro del Whatsapp o fue casualidad pero como no quiero que se adelante el nacimiento pues oye, que ni con un palo.


Mi cara de "no, por favor".

¿Os reconocéis en estas tesituras? ¿Qué otras maravillas recordáis de la recta final del embarazo? Qué bonito todo, ¿verdad? 

9 besos y 1 abrazo

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Mi casa ;)



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