jueves, 17 de septiembre de 2015

Recuerdos del verano 2015

Recuerdos del verano 2015. El verano pasado, pelín agridulce él, escribí este post  rememorando aquel estío. Me ceñí a 5, que se ve que es lo que era. Pero ahora, ¿solo  5? Imposible, sorry. He empezado el curso pasando de todo, pero en plan bien, así que voy a multiplicar los recuerdos de este verano y petar este post de fotos. Porque sí, porque este blog va teniendo parte de diario.

1. Los viajes en avión.
De nuevo inaguramos las vacaciones montados en un avión solo que esta vez no cabía tumbado en mi regazo como el verano pasado. Cuatro vuelos ha cogido y en los cuatro se ha portado como un champion. Como entiendo que puede joder molestar que te toque al infante al lado, apliqué la estrategia me-hago-la-graciosa-y-empatizo. No falla, oigan, te ganas al compañero de viaje en un santiamén. Eso y nuestros mierderconsejos para volar con un bebé y la actualización a bebé mayorcito han hecho que los trayectos salieran redondos.



2. Fresquetín maravilloso tras estar taitantos días seguidos a más de 40º se agradece. Jersey, cuánto te echaba de menos. Aunque estaba encantada tras pasar el calufo infernal creo que es el verano que más días malos seguidos ha hecho allí. Normalmente es un día Galimordor, dos días Galifornia. Este año, 7 días seguidos malillo y los dos últimos lloviendo. Repito, lloviendo, con un 17 meses en casa. Ya pasó, ya pasó...



3. Momento parque.
Hemos empezado, no queda otra ya, a ser fieles parroquianos.
 
Peeeeeero, ha molado mucho más descubrir diversos medios de transporte: desde el taburete de Ikea hasta la silla de plástico que chirriaba en el suelo pasando por las "motos" del abuelo. Esas sí que molaban. 


4. El agua en sus variadas versiones.
Pese al horror materno tras la primera bajada a la playa digna de mención y merecedora de olvido, la cosa se relajó y acabó molándonos un montón. El Santo es que es muy, digamos efusivo, en sus descubrimientos pero pasados unos días afloja el pistón y ya es llevable la vida. En la playa estábamos a gusto y él se movía a sus anchas. Tanto que se metía en el agua solo, cual perrillo (aún no caminaba) para descojone asombro de toda la playa. Bonitas carreras mueve lorzas nos hemos pegado detrás de él. Además, a los pocos días dejó de parecer el niño del exorcista cuando le sacábamos del agua. También ayudó que volvió a aceptar al mejor amigo de unos padres en el agua: el flotador, ese invento que permite que no te revienten los bíceps. Este niñopez...
En la piscina hemos descubierto que si se le mete la cabeza no se muere ni sufre ahogamiento secundario ni nada. Creo que es lo único que me daba miedo (a nivel físico). Lo descubrimos a la fuerza cuando se tiró a la piscina (con su padre dentro). A partir de ahí entró bucle y con su efusividad mencionada estuvo tres días queriéndose tirar todo el rato y gateando en dirección contraria a la que estábamos nosotros, dentro de la piscina para cogerle, para tirarse solito. Casi ná.
También ha caído piscibarreño los días de lluvia y ante el terror a la ducha que cogió a principio de verano.


5. Momentos guiri.
También ha habido su poquito de turismo, que no se diga. Y por su puesto, mucho de comer y poco de ver. Ja,ja,ja. Turismo gastronómico lo llaman ahora.





6. Descubirmientos child friendly.
Antes, por supuesto, no me fijaba en si había trona o cambiador en un restaurante, o en sí tenía una zona en la que los niños pudieran campar sin ser atropellados. Ahora es fundamental, requisito necesario.
Habéis visto un cambiador más ideal. En La Ultramar todo es ideal.


Que no se puede salir a cenar, pues se sale a desayunar.
Rinconcito genial para que los peques jueguen y los mayores
respiren  y se tomen el café en lugar de tirárselo encima.

7. Pechamen
Seguimos con tetita. Quién me lo hubiera dicho. Y no veo el momento del destete. Por ahora me parece innecesario. Todos los que tenemos que opinar sobre el tema estamos encantados y además es la mar de práctico. Probablemente sea el último verano con la teta al aire. Al menos con El Santo.





En definitiva, ha sido un verano genial y el otoño, pese a la vuelta a la rutina, que tiene su aquel, el trabajo/guarde y demás, pinta mucho mejor. Y encima, tiene mérito porque ¡hemos estado en familia! No hace falta decir, por tanto, que ha habido de todo. Pero llevado en silencio, como las hemorroides, que es lo mejor para convivir en paz.



¿Qué tal vuestras vacaciones/veraneo? ¿Os animáis a dejarlas por escrito?