viernes, 21 de agosto de 2015

Por las ojeras sabrás si es madre o tía

"Por las ojeras sabrás si es madre o tía" fue la primera #quisicosa que escribí. Hasta que una no es madre no es consciente, ni de lejos, de todas la implicaciones (positivas y negativas) que este estado conlleva. Como tampoco se da cuenta de cómo se refleja la parte menos japyflagüer de la maternidad en signos visibles. Lo cual es muuuy positivo porque significa que el desgaste materno pasa bastante desapercibido aunque nosotras nos veamos hechas una piltrafa humana.


En mi segundo verano como madre, mejor que el anterior en todos los sentidos, he continuado observando señales inequívocas que nos permiten diferenciar a la que cría 24/7 de la que pasa un ratito con uno o varios niños. Ratito muy de agradecer, eso sí, para cualquier madre.
Orilla arriba, orilla abajo con un niño que quiere andar pero aún no lo hace, he hecho un estudio sociológico.
He aquí las conclusiones, detalles, que si bien no tienen que darse simultáneamente, permiten diferenciar a estos dos especímenes: la madre vs. la nomadre:


Yo, lo tengo claro, mi estilo maternal es cada vez más Quechua. Comodidad obliga. Me di cuenta tras cagarla pero bien en la primera maleta del verano, que si vestidos, que si faldas... Para la segunda maleta me faltó tiempo para comprarme pantalones cortos y llenarla de camisetas. Así sí que se agacha una bien y se tira al suelo en parques y cualquier sitio.

Y tú, ¿sigues manteniendo la esencia de nomadre o te has dejado arrastrar por el quechuaismo?