martes, 7 de julio de 2015

Primer día de playa

Primer día de playa o el infierno en la tierra. Con razón no fuimos el año pasado.
No, no exagero. Creo que me he quedado traumatizada. Si bien soy poco romántica en mis ensoñaciones maternales, sí que me había hecho una idea algo bucólica del encuentro de El Santo con el mar. En realidad así fue, pero para él.

Por supuesto el carro se queda en casita. Menudo armatoste. 
Con la mochila tienes dos manos libres y maniobras mucho mejor.

Bajamos a la playa sobrinos, cuñada, marido, El Santo y yo. Por el camino tuvimos una baja: El Santo sénior tuvo un momento maridopadre y decidió que se quedaba a darse a los gin tónics, que obviamente cansan bastante menos que la playa con un bebé. Lo que no sabía yo es cuánto menos. Pero a mí nada me detenía, quería vivir la experiencia preciosa de ver a mi retoño gozando en el agua con el buen presagio que teníamos por ser un delfín en la piscina y disfrutar como loco con o sin su flotador.



Una vez instalado el campamento, sombrilla incluida que la pielecita de un bebé es muy delicada, si bien llegamos a la playa sobre las 19, nos acercamos a la orilla. Entonces entró en éxtasis. Le puse de pie para ver cómo reaccionaba ante lo fría que está el agua (océano; no se lo desearás ni a tu peor enemigo) y se volvió más loco todavía. Cual pez varado en la arena luchaba por adentrarse en el agua. Y, teniendo en cuenta que aún no camina, no os cuento cómo quedó mi espalda tras una hora como el jorobado de Notre Dame. Entre sujetarle por los sobaquillos y cogerle cuando venían las olas, un ocho. Porque además lo de cogerle por los brazos, que me daría un margen más que digno de respiro espaldar, nada de nada, que he leído que es malísimo, cero ergonómico y demás. Eso, señores, es amor.

Aquí estamos los tres, El Santo, su madre y la lorza que se puede considerar propiedad de ambos
porque la tiene ella pero vino por él.


Y la pregunta obvia es que por qué no le pusimos en su adorado flotador. Uy, lo intentamos, ya lo creo, por el bien de mi espalda, pero era como si le arrancáramos las uñas. Imposible. Tras varias contorsiones dignas del acróbata más experimentado desistimos.

No hace falta deciros lo que me acordaba del padre de la criatura (y de toda su familia) aunque por suerte a ratos tuve la ayuda de mi cuñada, de mi hermano y de una amiga de mis padres que tuvo la mala fortuna de cruzarse. Saqué a la criatura del agua para llamar al padre pero el hijo, ay el hijo. Me montó un pollo digno, no ya de Super Nanny, no, de Hermano mayor. Llorando desconsoladamente, retorciéndose en mis brazos y todo el mundo mirando (a mis lorzas seguro que también, los muy mamones). Supongo que muchos pensarían que anda que esta, obligando al niño a estar en la playa, los niños tan pequeños no deberían venir a la playa, qué coñazo con lo a gusto que estaba yo leyendo y demás. Mi cerebro iba a mil por hora y me hervía con pensamientos tales como: ¿le dejo en la toalla mientras llamo a su puñetero padre?; a la playa sola con él no puedo bajar que esto exige unas maniobras ahora mismo que requieren entre dos personas y un ejército; mira qué cabrones suerte estos dos pipiolos leyendo y tomando el sol, veréis, veréis cuando tengáis un hijo; señora, sí, llora, pero no le estoy maltratando así que deje de mirarme que a mí no me gustan tampoco sus pechotes al aire y no digo nada; perdone, caballero, pero no fiscalice con la mirada que no le estoy obligando sino que es que el niño se cree un pez y no quiere salir del agua. Puede parecer de locos este bullir de pensamientos pero me pilló desprevenida el tema. No me esperaba ni que no fuera aceptar el flotador, ni que se fuera a convertir en un psicópata al sacarle del agua y mucho menos que solo quisiera "andar" en el agua.  Y si a esto le unes que yo no soy precisamente la sirenita, que me molesta la arena y no mato por pasar 15 horas en la playa... solo puedo decir ahora mismo...






P.D. tengo la esperanza de que más pronto que tarde comience a andar y tal vez eso nos libere un poco de la postura ortopédica y lorcera que ahora mismo exige. Seguramente me trague mis palabras porque sea peor. Por otro lado, actualizo este escabroso asunto y he de reconocer que los sucesivos baños playeros han mejorado en relación al pollo de salida del agua. El resto, se mantiene igual.