domingo, 29 de marzo de 2015

Viajar con bebés AJENOS o alguien tendrá que pagar nuestras pensiones.

Viajar con bebés ajenos (y propios no sé si casi más) es un coñazo, eso no lo niega nadie.  Lo que pasa es que es algo que se piensa y, por educación, no se dice. Y menos se publica en Twitter. Y menos aún con una foto de tan deliciosa compañía. Y menos aún todavía si eres un personaje semipúblico. Pero sí, estás cosas ocurren. Es una de las cosas malas de las redes sociales, que son muy inmediatas. Que se lo digan a Laura Caballero, guionista de La que se avecina, serie de la que El Santo sénior es fiel seguidor y que a mí también me gusta, por surrealista, que ha sido la que, a mi parecer, ha metido el patón. Igual de surrealista ha sido su comentario en Twitter. No se le ocurre a nadie, para empezar por políticamente incorrecto (así es la sociedad), hacer un comentario (que ni voy a reproducir ni voy a colgar el pantallazo porque no pretendo aquí hacer leña del árbol caído) quejándose de la que te ha caído encima por tener un viaje larguito sentada frente a una madre y su criatura. Foto incluida (sin rostros, of course)
Yo, que tendía más bien a Herodes en eso de los viajes, la comprendo profundamente. Por dos razones. La primera, que, como he dicho, es un tostón viajar con un bebé cerca (y por cerca me refiero a más menos 1 kilómetro a la redonda). La segunda, porque creo que la inexperiencia es mala consejera. Al igual que la prisa. Y en su tweet se han unido las dos cosas. Cuando no vives algo, lo que sea, es difícil entender lo que supone, tanto para bien como para mal. Y cuando no reflexionas sobre lo que piensas o haces, no empatizas y la cagas. Y, entonces, se te echa encima media blogosfera maternal. 

En mi opinión, dudo mucho de que lo haya hecho conscientemente, es decir, con mala intención. Simplemente es un tostón y le ha parecido gracioso comentarlo. A mí, la verdad, entendiéndola, me ha parecido también un poco como de guay. Pero, claro, tengo un hijo y, una vez visto, todo el mundo es listo. Lo que no sabemos, por ahora, es como le sentaría o habrá sentado a la madre de la que, por cierto, ha dicho que era una maleducada. Punto. Puede que lo fuera pero, en cualquier caso, la criatura, de la que ella luego aclara que no se estaba quejando, no tiene culpa ni de molestar, porque para ella sería para la primera que aquello era el averno (4 horas de viaje por lo visto), ni de que su madre sea, en teoría, una maleducada ni de que la persona que viaja enfrente prefiera tenerla bien lejos.



Yo, en su momento, sí empaticé (y en esta entrada dejé mis humildes mierderconsejos para un vuelo razonablemente satisfactorio tendiendo en cuenta que llevas un bebé). Era el primer vuelo de El Santo. Os cuento. Embarco. Miro al angelito, vecino de viaje, que igual pidió ventanilla para observar el cielo relajadamente. Le sonrío forzadamente mientras lucho por intentar meter la bolsa del niño en el compartimento sin que se me escogorcie (la criatura). Le sigo sonriendo mientras vuelvo a luchar sentándome con El Santo a cuestas, es lo malo de viajar sola y de que el niño no se mantenga sentado, y metiendo mi bolso bajo el asiento. Cuando respiro porque AL FIN estoy sentada en el avión, lo que llevaba deseando desde días antes del vuelo, le espeto: "Querido compañero de vuelo, te ha tocado la madre con el bebé de 5 meses al lado. Espero que no te dé el viaje pero, alguien tendrá que pagar nuestras pensiones, ¿no?"


Entonces, mi compañero de viaje, se descojona. Se rompe la posible tensión. Él sabe que yo lo sé; que sé que tengo lo más temible, después de un pestazo sobaquil si me permitís, que puede tener el que se siente a tu lado en un viaje, da igual el medio de transporte que sea si bien no olvidemos que el avión es, por lo general, una lata de sardinas Y yo sé que él ha entendido que a mí tampoco me gustaría que El Santo diera la tabarra, por mí y por todos mis compañeros. 

Pues eso, que hoy por ti y mañana por mí. O no, porque tal vez estés leyendo esto y odies a los niños. Pero quizá yo en algún momento te tenga que ceder el asiendo porque te hayas roto una pierna (Dios no lo quiera y no, no es una amenaza por ser un niñofóbico -1madreinitaly dixit del latín Vanesa Piñeiro inventis-), o igual te cambie el sitio en el tren, aunque implique ir en el sentido contrario de la marcha (que es lo peor), para que puedas estar con tu amigo, o tal vez me tires el café por las estrecheces aeronáuticas, o quién sabe si se te escapará un pedillo en un vuelo transoceánico, que son muy largos y es lo que tiene. Vivimos y, por tanto, viajamos en sociedad. Así que, mierderconsejo: más empatía y a vivir que son dos días. Y no olvides que ALGUIEN TENDRÁ QUE PAGAR NUESTRAS PENSIONES, aunque tal y como está el patio...