sábado, 28 de marzo de 2015

Educar con el ejemplo

Educar con el ejemplo me parece la base de todo. No puedes pedir a tu prole que haga lo que tú no haces y viceversa. Y, pese a que El Santo tiene un año escaso, ya lo he vivido .





Resulta que aquí el miniser, se come lo suyo y lo de su prima, con independencia del estado, sólido o líquido. Y si fuera gaseoso apuesto a que también se lo zampaba. Pero, hace un par de días, de repente, montó un pollo de aquí te espero cuando empecé a darle un puré. Puré que se había comido el día anterior porque, supongo que como en todas las casas, el día que te pones a preparar comida tu cocina se convierte en una producción en cadena y podrías alimentar a un ejército. Con esto pretendo desterrar la tesis suegril de que es que no le gustaba. Esto ya había pasado algún día anteriormente y le di teta y a planchar la oreja, suponiendo que es que estaba agotado. Pero el día de odio al puré acabó comiéndose toda mi verdura y tan ricamente. Cansancio no era. Al día siguiente más de lo mismo. Saltan las alarmas. ¿Otra vez? No, esto no era ya ni el sabor, ni el cansancio ni na de na. De hecho, las cucharadas furtivas que conseguí encasquetarle se las comía con gusto. Total que no sé, supongo que vas atando cabos, o tal vez sea el instinto maternal pero algo me dijo que tal vez si me comiera yo el puré... Empecé a darle de mi comida y a comerme la suya. ¡Bingo! Empezó a mirar en plan uy pues si se lo come ella... Seguí como si tal cosa, sin prestarle mucha atención continuando esa dinámica como tal cosa hasta que le calcé una, dos, tres cucharadas de puré. Toma castaña. Al final, se comió todo lo suyo y parte de lo mío. Así que podría concluir que tengo un hijo culo veo culo quiero pero no, la cuestión es el ejemplo. Así que esto me viene de lujo porque, aunque aún es un enano, se va coscando de todo y hay que estar alerta y modelar bien los distintos comportamientos que queremos que vaya aprendiendo.
Esta tarde, para darle la fruta, sin mirarle apenas, como el que no quiere la cosa, he comenzado a comérmela yo e ipso facto ha empezado a hacer "ma", "ma", del latín "dame de eso, tía".  Así que nada, a medir mis actos y mis palabras hasta el día en que me muera o se vaya de casa (esperando que lo segundo ocurra mucho, muchísimo antes).