viernes, 27 de febrero de 2015

El primer cumpleaños (lo que creí que sería y lo que ha sido)

El primer cumpleaños ha llegado. El primero de muchos, el más celebrado y el que menos recordará.





A lo largo de este año han pasado muchas cosas, buenas, malas y regulares. De muchas tengo entradas pendientes por escribir.

El parto ya lo conté; ampliamente ya que la experiencia fue más larga que un día sin el pan que El Santo debió traer bajo el brazo (que aún lo andamos buscando pero nos conformamos porque él es más bueno que el pan) aquíaquíaquíaquí y finalmente aquí.
De la lactancia aún no he hablado pero, cuando empiece, me dará para bastante el tema.. También podría escribir algo sobre percentiles, ese demonio conceptual, que estuvieron bastante presentes durante meses ya que El Santo, que ahora se viene comiendo lo suyo y lo de su prima, no engordaba nada de nada. El cuadro madre gorda-hijo canijo era para verlo. Afortunadamente yo cada vez estoy más delgada y él más gordito. Otro post interesante, o no, podría ser sobre hitos evolutivos. Pero casi me da más pereza que el de los percentiles, jejeje. Estoy harta de que al decir la edad le/nos examine/n, aunque sé que, en realidad, es por desconocimiento. Ejemplo:
-"Ohh, qué guapo, es de anuncio (esto siempre pasa, no es solo orgullo de madre) ¿qué tiempo tiene?" -"Gracias. Tiene 4/ 6/ 10 / casi 12 meses"
-"Anda, ¿ya toma cereales/ se sienta/ gatea/ camina o dice alguna palabra?" (para cada mes su "tiene que hacer esto")
"Pues no/ no/ no/ no/ no, no. No tiene prisa, jeje"

A este paso, fracaso escolar, vamos. No sé qué prisa hay. Mientras avance, no se estanque y mucho menos retroceda... Y, ¿no dicen que el tiempo pasa rápido? Pues mejor que no lo haga todo a la voz de ya que así más tiempo le tendremos como un bebé tiernecito.

Pero, me voy del tema. Que yo he venido aquí a hablar de mi libro año. He aquí lo que pensaba y lo que ha sido este primer año que en gran parte explica el porqué del sobrenombre de El Santo.




Pensamiento
Realidad
A los 6 meses se sentará.
Tardó algo más.
Voy a darle el pecho sin dudar.
El pecho sí, sin dudar…
Los primeros días estaré obsesionada con “¿respira?”
Di por hecho que por supuesto respiraba.
Cuando se siente me cambiará la vida.
Así fue. Se entretienen más y establecen más contacto.
Nos vamos a pasar el primer año en urgencias.
Ni una vez. Solo ha estado un poco malito, que tampoco mucho, en una ocasión. Los mocos y toses varias sabemos que no los despediremos hasta primavera.
Me van a dar mucho la tabarra con consejitos.
Pues no ha sido para tanto, o es que yo paso mucho. Pero si ha dado para algunas quisicosas.
Va a llorar y llorar y llorar.
No y no y no. No es nada llorón
Espero llegar a un año de lactancia y luego se acabó.
Hoy se ha cumplido el año y cada vez le veo menos sentido a dejarlo aunque no creo que la prolonguemos muchos meses más pero, quién sabe.
Se le deformará la cabeza si no le cambio de postura.
Cambia que te cambia cada vez que tocaba comer. Por si acaso. Je,je,je.
Verás como nos pone de cacas y pises en los cambios de pañal.
Solo una vez se hizo cacota (en el endredón de un hotel, sic) y otra pipí. Vamos, que ni abona ni riega.
No dormiremos nada.
Excepto algunos días en verano y el regalito de Navidad, un mes durmiendo peor que mal, ha dormido muy bien y del tirón.
Tardaremos dos horas en salir de casa.
Esto que tenía tan claro, porque todo el mundo lo dice, aún no lo hemos entendido. Tampoco se tarda tanto.
Nos echará la pota encima.
En una ocasión a su padre, pero solo medio cuerpo.
Cambios de pañal a las 3 de la mañana.
Solo durante las primeras semanas y lo hacía a propósito para que se despertara y comiera, que no había manera.
Cambios de sábana de madrugada por escapes de cacota/pipote o pota.
En ninguna ocasión.

Mi experiencia de este año es que, como casi todo lo nuevo que afrontamos en la vida, parece más difícil de lo que luego es (aunque hay bebés más demandantes o situaciones personales y familiares complicadas). Como suelo decir, es peor pensarlo que hacerlo. La maternidad se observa como una escalada en pendiente constante. Puede que porque nos lo hagan creer así. Obviamente supone renuncias, abandonar el egoísmo, no hacer prácticamente nunca lo que te apetece, tener paciencia infinita, madurar, responsabilizarse. En este sentido sí es un tostón, para qué nos vamos a engañar. Pero en este ascenso, hay multitud de descansillos: sus sonrisas, verles dormir, observar sus piececitos y manitas, flipar con cualquier monería que hagan, darte cuenta de cómo evolucionan, reírte viendo fotos antiguas y plantearte ir al oftalmólogo porque no sabes cómo demonios podías ver tan precioso a "eso" que era tu hijo, ser un chapas absoluto narrando cualquiera de sus, para ti, proezas, admirarte de todo lo que haces y que jamás imaginaste que harías, retozar en la camita todos juntos, hacerle cosquis y alucinar con lo suavitos que son, sentirte más querido por ver la adoración que tíos, abuelos y amigos íntimos le profesan.

La última moñerreflexión es algo que me sorprendió mucho: sentir su dolor. Cuando se puso algo malito podía prácticamente sentir su malestar; cómo le molestarían los moquetes, qué pinchazos tendría con cada tos... Esto, NUNCA me había pasado. Por supuesto cuando El Santo sénior, mis padres o cualquier persona a la que quiero enferma me da pena, pero no siento lo que sentí. Supongo que eso debe ser amor de madre.