miércoles, 24 de diciembre de 2014

Crónica de una función navideña

Crónica de una función moñer a más no poder es la que me dispongo a escribir.

13 de noviembre: nos llega una nota de la escuela infantil diciendo que, si queremos, van a hacerles una fotos monas allí, que podemos disfrazarle de pastor o ponerle arregladito. Pensamiento materno-pocofilial "qué pereza; se las hacemos vestido guapo y punto".

9 de noviembre: para la función de Navidad hay que disfrazarle de pastor. Pensamiento materno-pocofilial "qué pesadez con el disfraz de pastor; y ahora, a ver de dónde lo saco"

23 de diciembre: función de Navidad. Pensamiento materno-muuuuyfilial "muero de amor, no puedo con mi vida, le adoro, es el mejor, qué pastor más precioso, qué gran artista navideño" y demás ñoñeces varias.

CÓMO CAMBIA LA HISTORIA. Y es que...



La papeleta del atuendo la resolvió rápido la tía S que se lo compró en el típico mercado navideño nada más oír mi SOS de madre chunga. La abuelapaterna se lo medió probó, para ver si era la talla, y las fotos que me mandaron me hicieron mucha gracia. Y, lo único que he tenido que hacer ha sido procurar lavarlo sin encogerlo, que últimamente soy una experta. 
Ayer por la noche, víspera del debut estelar de El Santo, reconozco que me entraron nerviecillos emocionantes. Pero, entre dejar las cosas preparadas, hacer las felicitaciones DIY y envolver los regalitos para las seños (si, todo a última hora, para qué hacerlo con tiempo) se me olvidó un poco.

Esta mañana eran nervios de llegamos tarde-que no nos dejemos nada. Al llegar allí, que nos ha costado un pelín, calor de mil demonios para ponerle al pollo el chalequito de poliéster que hacía que como tal sudara. Lo mete su seño por un lado del salón de actos mientras una multitud de padres, tíos y abuelos espera agolpada a las puertas. Codazos y zancadillas (bueno, tampoco para tanto) para entrar y coger el mejor sitio. Por el momento, me mantenía como un ser humano normal. Pero ya cuando me han querido cambiar el sitio para sentarse toda una familia junta... ¡He dicho que no! Sí, lo reconozco. El Santo sénior y yo teníamos que desplazarnos hacia la esquina cinco asientos, ¡cinco! Vamos, en voyaverlaprimerafuncióndemihijo era pedirnos irnos a Ecuador más o menos. Lamentable (lo mío). Pero, vamos, que digo yo que lo normal es que nos hubieran dicho que nos moviéramos hacia el centro, no hacia el ladillo donde no se ve ná. No tengo excusas, lo sé. Y, lo peor, es que, al final, los abuelospaternos y la tíapaterna, estaban más centrados, aunque detrás, y hemos terminado cambiándonos de sitio porque había asientos libres. Ahora bien que le he dicho a la familia eclipsadora "siéntense juntos hombre". Si es que soy más buena gente...

Se abre el telón y LE VEO... empiezo a hiperventilar, flipar, alucinar. Me entra un no sé qué que qué sé yo y me lanzo, agachándome como en la guerra para no molestar a nadie, al espacio entre la primera fila y el escenario. Vídeo con la cámara y fotos con el móvil mientras le miro sin enfocar. Se me va de las manos. Tengo hasta sensaciones físicas, creo que estoy llegando al Nirvana o algo. Pierdo absolutamente mi dignidad arrastrada por el suelo; me parece que hasta se me ve la hucha pero, en ese momento, todo me da igual. Solo tengo ojos para él. Para él y para su pobre compañero de la clase de 0 años que tiene unas velas verde radioactivo colgando de sus fosas nasales de lo que está llorando la criaturita. Otra compañera se pone a llorar también. Y, LO SIENTO, me entra orgullo de madre porque "el mío no llora". Conste que a la vez intentaba llamar la atención de los otros para que no lloraran, que tampoco soy tan perra. En estas, él, que lo único que podía hacer para que saliera bien era estar tranquilo y no berrear, ¡¡SE PONE A BAILAR!! Extásis materno (y paterno, que luego me he enterado) y la gente coméntandolo "ay, mira qué gracioso, que baila". Por bailar entiéndase mover su tronquito en posición sedente. Y dos veces más he reptado hacia el escenario ya que había minidescansos entre "actos". Juas, juas. Y el tío feliz, moviendo sus piecitos, mirando encantado lo que hacían los niños mayores. Después ha llegado el momento padre disfrazado de rey mago. Creo que está ingresado por deshidratación. Angelito, qué chorretones le caían bajo ese disfraz. El Santo sénior se ofreció para ejercer de su majestad de oriente. Afortunadamente ya era tarde. Le he sentado encima del barbas y se ha partido de risa y alucinado mirándole. Y, nuevamente, la gente comentando "qué simpático, le sonríe" y yo loca y adoptando posturas dignas de una contorsionista para coger el mejor encuadre.

Y como reza el cartel de este post, donde dije digo..., he sido esclava de mis palabras. Me explico. Hace exactamente un año pasaba lo que podéis ver en la imagen.


El santo sénior y yo éramos los "futuros papis". Y yo era la mala pécora que escribió el último mensaje. Pues bien, el aludido, que había enviado una foto de su retoño disfrazado, hizo una captura de pantalla y debío pensar, no ya que la venganza es un plato que se sirve frío, sino que iba a tener que congelarlo. Y así lo hizo y no sé cómo ha podido encontrar el pantallazo el muy jodío porque han pasado exactamente 364 días (esa conversación empieza con "Feliz Navidad"; era el 24 de diciembre). Y hace unos días, cuando le contaba la pasión que cada día más desata en mí El Santo, me ha dicho que estuvo a punto de sacarme la imagen. Pero aguantó el tío. Un crack (es de lo mejorcito que he conocido, la verdad). Así que sí, señores, una vez más se confirma como se tiene que tragar sus palabras el ser humano cuando tiene descendencia. Estoy segura de que es un hecho universal. En mi defensa diré que el mensaje era un poco para tocar las bowlings, que tampoco me parecía para quitarle la custodia el que un padre disfrazara a su hijo.

mierderconsejo



Así que esta ha sido nuestra aventura de hoy, que aún me mantiene un poco adrenalínica y que ha continuado con una muy divertida comida con amigos y sus respectivos retoños que se ha alargado hasta las 7 de la tarde, madrugada en mundo bebé. Y que qué bueno es, qué guapo y qué sonriente... (no puedo más del amor). 

Lo que me encantaría es que a los espectadores, padres, madres, abuelos y demás observadores de la función navideña con cara de agilipollaos, nos hubieran grabado y fotografiado haciendo el monguer: saludando, tirando besitos, meciendo los brazos.... Eso si que hubiera sido digno de ver.

Nueve besos y un abrazo