jueves, 27 de noviembre de 2014

9 meses y 1 día después, de nuevo. (Recopilatorio de un año y medio de mi/s vida/s)

Nueve meses y un día después. De nuevo, hoy, 27 de noviembre de 2014.


Todo empezó el 25 de mayo de 2013, como conté en esta entrada, con una boda preciosa vivida con una intensidad que nos sorprendió tanto a El Santo sénior como a mí.



Nos fuimos de viaje y lo pasamos genial. Estuvimos en París y en isla Mauricio. Lo recordaré siempre.
Jóder con la ciudad de l´amour, qué peligro tiene.
    
Si superas un vuelo de 11 horas, sin contar escala, tienes muchos puntos para que tu matrimonio sea un éxito.
Disfrutando de una paz que, por ahora, no hemos vuelto a catar.              El arco iris más espectacular que he visto en mi vida.
Te pones romántica y vuelves con un bombo
"¡Mira,mira por ahí viene El Santo júnior en forma de fetillo!"

  Lo que no sabíamos es que, a la vuelta, El Santo júnior venía ya con nosotros en el avión. Le conocimos a los días de volver. Autoregalazo de bodas.
Voy a ir saludando o chocando las cinco (¿veis la mano?) que les voy a dar mucho curro.
Aquí el amigo chupándose el dedo.

Y ya habían comenzado los nueve meses y un día. De hecho, comenzaron antes de casarnos, ya que el embarazo se cuenta desde dos semanas antes de la concepción. En el post Misterios del embarazo ¿Cuánto dura? hablé sobre ello. El pobre Santo sénior flipaba cuando el ginecólogo decía que estaba de cinco semanas. Pero, si nos hemos casado hace tres, no puede ser, decía. Juas, juas.

 Viví un embarazo bastante bueno. Superado un primer trimestre de histerismo (me pilló totalmente por sorpresa y no estaba preparada para el bombazo amén de que las hormonas se hicieron conmigo) poco característico de mí y comencé el segundo vomitando, pese a que, en teoría, es cuando se pasan las náuseas y vómitos. Pero, más allá de algunas potillas, bastantes tardes muy nauseabundas y noches acidas, no me quejo. En su momento sí me quejé, faltaría more. El tercer trimestre lo llevé bien hasta que cogí una faringitis de quieromorir. Ahora creo que influyó que estaba un poco reventaica. Según salía de esa me metía en otra porque empecé a tener un dolor debajo de la tripota que no podía ni andar. Con el paso de los días mejoró la cosa.
Disfrutamos mucho durante el embarazo, aprovechando el tiempo solos, haciendo muchos planes, los que creíamos que no íbamos a poder a hacer después y, excepto ir al cine, los seguimos haciendo. Con otro horario y otra preparación, claro. Pero tampoco se te acaba la vida cuando tienes un hijo. Hasta puedes viajar en avión tu solita con un renacuajo que no llega a los 5 meses de vida.
No sabía lo que me esperaba...
Ojalá se abriera así de fácil. 

Y, nueve meses y un día después de ese 25 de mayo bodil, y tras tres días de NOparto, vino al mundo, con bastante dificultad, nuestro pollo. Y todo lo cabezón, nunca mejor dicho, que fue para salir se debió quedar en el paritorio porque, desde entonces en eso, un SANTO. 
El Santo recién salido del horno.
Ya en el hospital las enfermeras se asombraban de lo "bueno" que era. Yo pensaba, claro, acaba de salir, le ha costado lo suyo y está medio aletargado. Pero no, señores, hasta la fecha, nueve meses y un día después de que viera la luz, sigue igual.



Pero tanta paz como transmiten las fotos daba él. Demasiada paz. Tanta que solo dormía. No se despertaba ni para comer. Y me río yo de eso de "dormir también engorda". Así que el comienzo fue duro, duro. Yo más mala que la quina, incapaz de cuidar de mí misma y menos aún de un recién nacido. Él perdiendo peso al principio, no engordando después, todo el día sopinstant y yo... yo con el pecho destrozado, anemia, infección de orina, y despertador en mano para levantarle para comer.
Superados dos meses bastante malos, comenzamos a disfrutar de nuestra vida juntos. Salíamos mucho y toda la vida giraba a su alrededor. 
El verano llegó, con sus recuerdos. Un poco agridulce ha sido, aunque ahora solo queda lo bueno.


De mayor me gustaría ser filósofo, pero no sé si me va a dar pa comer.
 Ya lo decidiré, que tengo toda la vida por delante

Y, seis meses después, llegó el momento de separarnos. Tenía que incorporarme al trabajo. Fue peor pensarlo que hacerlo, la verdad. Y me voy manejando aunque currando, me paso el día currando.

En estos 18 meses y dos días (9+1)+(9+1), me ha cambiado la vida radicalmente. De estar soltera a casada-embarazada-convertida en madre. Y, aunque por supuesto echo de menos el tiempo (para hacer mis cosas, para no hacer nada, para hacer lo que toca con calma...) cada día le quiero más, cada día me da más pena separarme de él y cada día me siento más unida a él. Pero, como lo cortés no quita lo valiente, cuando llega la noche, estoy deseando que se duerma. Je,je, je.







Nueve besos y un abrazo