miércoles, 1 de octubre de 2014

Cinco recuerdos de este verano

Cinco recuerdos de este verano es el último post de 39 semanas, blog que me rechifla, tanto por su contenido como por su continente (vaya ilustraciones se gasta Esther Gili).
Y, como este verano ha sido especial, por totalmente diferente al ser el primero con El Santo júnior en nuestras vidas, me han entrado ganas de escribir mis cinco recuerdos.



1. Mirar a El Santo y  tener ganas de llorar, y no de amor/ y sí de amor. No ha sido el mejor verano de mi vida. Pues sí, honestamente y pese a haber tenido un hijo, no lo ha sido. Cualquier madre sabe que los comienzos son duros. Además, El Santo casi pierde su apodo porque estuvo regulero (regulero nivel santo, eso sí). Probablemente estar hasta ocho adultos conviviendo en un mismo espacio no ayudara a que estuviera muy tranquilo. Y me tenía muy mal acostumbrada, tan tranquilito él. Y a esto hay que sumar que es que mis vacaciones anteriores a la maternidad, eran muuuuy estupendas. Estaba un poco desquiciada, para que nos vamos a engañar; y él yo creo que también, sumidos los dos por el cansancio. Pero, por supuesto, los momentos madrastra eran eso, momentos. Y la sensación de amor creciente era mi sentir mayoritario así que también le miraba y me emocionaba y alegraba.



2. El increíble instinto maternal de mi sobrina pequeña, La Terremoto. Cuando nació El Santo y fue a conocerle le trató con extrema delicadeza. No se quería ir, no se quería separar de él. Y este verano, más de lo mismo. Se ponía a su lado mientras mamaba, le "cambiaba" el pañal, le "vestía", le "cogía" en brazos. Todo entrecomillado porque ¡solo tiene tres años y medio! El remate del tomate fue cuando me la encontré dándole teta a sus peluches; acabó conviertiéndose la cosa en una tetada pública. Y ella comentando que el suyo ya había acabado, que le iba a dar la otra teta...



3. La ilusión de comenzar este blog, el 30 de julio. Llevaba desde que  nació El Santo deseando hacerlo. Conocí la blogosfera maternal buscando trucos y consejos relativos a la maternidad. Y, en el asqueroso postparto que padecí, surgió la idea. La noche que publiqué mi primera entrada, me hervía la cabeza con tropecientas ideas y no podía dormir. Por supuesto, El Santo sénior, ese día durmió divinamente... hasta que yo cogí el sueño. Lo olió y se puso a llorar para despertar a su mami.





4. Algunas primeras veces de El Santo júnior: su primer baño en la piscina (parecía un pececillo. Le encantó bañarse y parecía que nadaba), sus primeros viajes en avión (bastante buenos), su primera croquetilla (darse la vuelta). Eso son recuerdos maravillosos.



5. Las cestas que aprendimos a hacer. Qué maravilla es crear algo con tus propias manos. Y también hacer algo como ser independiente de tu hijo al que tienes pegado 24/7. Además, al fin tenemos panera.



Y, aunque ya llevo cinco, he aquí el recuerdazo: el miedo a incorporarme al trabajo. Fue peor pensarlo que hacerlo. No quería separarme de mi pequeño, aunque estaba hasta el moño. Ay, la bipolaridad de la maternidad, qué loca te vuelve. Luego la cosa fue bien, mucho mejor de lo esperado. Se torció un poco, y pasaron unos días malos, pero ya lo estoy enderezando. Todo es más fácil cuando nos reencontramos al llegar a casa. Aunque algunos días estoy deseando que se duerma, para qué nos vamos a engañar.


Así que ha sido un verano agridulce. Pero estoy convencida de que lo malo se olvidará. El cansancio es que es muy jodío. El próximo, será agotador también, más dicen los #mierderconsejeros alegando que cuanto más mayor es la criatura peor (cuando cumplen cinco años los padres mueren o algo al parecer porque si no no me lo explico) pero para mí no tendrá, o eso creo, la dependencia física de este. Y, seguro, seguro, que la echo de menos.



Nueve besos y un abrazo.