viernes, 24 de octubre de 2014

Masaje infantil


Masaje infantil, una buena forma de conectar con tu bebé, decía la persona que impartió el taller al que acudimos cuando El Santo contaba con  cuatro meses. Pero, él no debía pensar lo mismo ya que pasó de mí prácticamente las dos horas que allí estuvimos. Yo, entregadísima, frota que te frota, pidiéndole permiso y todo para darle gustito, tal y como se nos indicó, y él mirando para todos lados menos a mí. Parecía la niña de El Exorcista de tanto como giraba la cabeza para observar lo que había por allí. En realidad, me sentí mal. Ya sé, ya sé que él no lo hizo queriendo pero ¡es como si te hicieran el vacío! Supongo que viviré esa sensación con él muchas veces más y que llegará un momento en el que sí lo haga intencionadamente. Con lo que me ha costado parirle.



La AEMI (asociación española de masaje infantil) define esta práctica como una técnica para comunicarnos con el mundo corporal y emocional del bebé. La verdad es que, aunque suene un poco jipi, es así, en el sentido de que no es solo toqueteo; también le cantas, miras, sonríes, hablas. Ofrecen talleres gratuitos para familias así que si estáis interesados mirad las fechas.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Cinco recuerdos de este verano

Cinco recuerdos de este verano es el último post de 39 semanas, blog que me rechifla, tanto por su contenido como por su continente (vaya ilustraciones se gasta Esther Gili).
Y, como este verano ha sido especial, por totalmente diferente al ser el primero con El Santo júnior en nuestras vidas, me han entrado ganas de escribir mis cinco recuerdos.



1. Mirar a El Santo y  tener ganas de llorar, y no de amor/ y sí de amor. No ha sido el mejor verano de mi vida. Pues sí, honestamente y pese a haber tenido un hijo, no lo ha sido. Cualquier madre sabe que los comienzos son duros. Además, El Santo casi pierde su apodo porque estuvo regulero (regulero nivel santo, eso sí). Probablemente estar hasta ocho adultos conviviendo en un mismo espacio no ayudara a que estuviera muy tranquilo. Y me tenía muy mal acostumbrada, tan tranquilito él. Y a esto hay que sumar que es que mis vacaciones anteriores a la maternidad, eran muuuuy estupendas. Estaba un poco desquiciada, para que nos vamos a engañar; y él yo creo que también, sumidos los dos por el cansancio. Pero, por supuesto, los momentos madrastra eran eso, momentos. Y la sensación de amor creciente era mi sentir mayoritario así que también le miraba y me emocionaba y alegraba.