martes, 2 de septiembre de 2014

El NO parto. Capítulo III. El chute

Imagen tuneada tomada de http://www.freepik.com/free-vector/doctor-characters-pack_738193.htm

El chute malo (oxitocina) se venía haciendo cada vez más presente ya que, en el Capítulo II, Y se hizo de noche, y de día, se volvió a hacer de noche. Otra vez. Martes por la noche. Tras tres metemanos con sendas pastillas pontedeparto a lo largo del día, la cosa no progresó. Nada. Pero, aún quedaba esa noche y, quién sabe, tal vez todo arrancara de forma natural. Juas, juas, juas.
Viendo que no pasaba nada de nada, que no tenía ni media contracción, ni un pedete que confundir, nada, decidí que lo más inteligente era dormir como el bebé que, AL DÍA SIGUIENTE, ya sí o sí, iba a venir al mundo. Sólo deseaba no volver a tener contracciones más falsas que Judas como había ocurrido la noche del lunes. A todo esto que yo pienso ahora que más líquido amniótico no salió (había roto aguas el domingo por la noche/madrugada del lunes), que yo sepa, porque siempre estaba seca. A ver si no era nuestro momento...
Dormí divinamente, como si no fuera a parir al día siguiente.
Por la mañana, me dieron unas roñosas galletitas y poco más y, venga, para paritorio. Así, sin más ni más. Me preguntaron por el nombre del heredero y yo pensando "si no lo sabemos aún... En fin, no se la voy a jugar al progenitor y diré el que él prefería, su miniyo". Ahora el tío todavía tiene la desfachatez de decir que a él le daba igual el nombre, con la chapa que dio (para el tema elección de nombre habría que hacer una entrada). A las 8 y poco de la mañana ya tenía mi vía puesta y la oxitocina corría por mis venas. Ya estaba El Santo a mi lado, que se tuvo que quedar fuera mientras me traqueteaban. Lo de la vía es un poco mierder porque ya no te puedes mover; bueno, sí, pero poco y mal. Y, las contracciones, duelen mucho más tumbada. En monitores, cuando tuve contracciones, pedí que me dejaran ponerme de lado, postura ya de por sí más cómoda con un barrigón de aquí a Lima. En paritorio igual, pero se me dormía más el lado del cuerpo sobre el que me apoyaba y, además, se perdían las pulsaciones de El Santo, cosa que no mola nada la primera vez porque no sabes por qué se pierden... Luego te recolocan el cinturón ese y listo. El cinturón yo lo sentía tal que así, inspirada por el combate de boxeo que sabía que me esperaba:

No estoy segura pero me lo invento: cinturón trofeo de campeonato de boxeo.

De hecho, creo que después de parir nos deberían dar uno de estos cinturones con todo lo que brille de oro. Así le podríamos pagar los pañales, la guarde, los libros, la carrera... a nuestros polluelos. Nos lo merecemos.



A las 9 de la mañana ya estaba viendo las estrellas, clavando las uñas en el techo. Las contracciones producidas por el chute malo son, al parecer, más dolorosas. No puedo comparar porque no he tenido un parto sin chute. La matrona me decía que, en cuanto quisiera me ponían el chute bueno (la epidural). Me habían preguntado previamente si la quería. La verdad es que lo tenía clarísimo. Luego, he conocido mujeres que han parido, voluntariamente, de forma totalmente natural y he entendido su punto. A mí me gustaría, pero no sé si me atrevería. Y, desde luego, en un parto inducido NO. Como había oído que la epidural suele parar un poco el parto, aguanté. Aunque luego me di cuenta de que era un poco hacer el gilipollas; mi parto no se iba a parar porque estaba con oxitocina. Así que, tres horas después de hacerme la valiente y tras estar a punto de amputarle la mano a El Santo sénior, avisé para que me pusieran la epidural. En realidad, más bien casi le arranco el brazo. Lo que me "quitaba" un poco el dolor era tirar muy, muy fuerte de su brazo, para lo que el tenía que hacer fuerza. La primera vez que lo hice, me puso brazo y mano de pez. Yo acordándome de todo el universo pero no podía ni hablar. Cuando pude se lo expliqué: "tú aprieta, majete, y tira en sentido contrario al mío". Y así lo hizo, sin tener que amenazarle ni nada. Sobre el silencio ya le había instruido antes del parto. Cuando tengo dolor, necesito silencio y concentración. Así que allí estábamos, jiji jaja, te arranco el brazo cállate, jiji jaja de nuevo, cuidado que te saco el hombro no digas ni mu, y así sucesivamente. Pero el espacio entre jiji jaja se iba reduciendo y no me daba tiempo a descansar entre contracción y contracción; y solo quería dormir.
Desde aquí doy las gracias a Fidel Pagés Miravé, descubridor del chute bueno. Ole tú. Nadal y Pagés, lo mejor del país.

Fidel Pagés Miravé
San Fidel, descubridor de la epidural

Tuve que esperar un poquito, pero nada en comparación con esas hitorias truculentas que se escuchan y en las que parece que el anestesista vive en Helsinki y además se tenía que duchar antes de ir al hospital. Pero a poco que esperes, se te hace largo porque te visualizas ya sin dolor y parece que no pasa el tiempo. Por cierto que en las contracciones, un mierderconsejo que puedo dar es contar; como sabes más o menos lo que dura, cuando llevas la mitad de segundos ya te alegras y según avanza el conteo flipas más de dolor pero sabes que queda poco. Eso y estirarle el brazo a tu marido/mujer/madre/ser vivo que te acompañe como si fuera un chicle Boomer.
(No puedo evitar poner esta imagen que he encontrado buscando el recuerdo infantil de este chicle, juas, juas, juas)
http://www.fasebonus.net/2013/05/gloria-y-caida-de-los-chicles-boomer/
Llegó una chica con pinta de ser antipática por inseguridad. Llegó y me echó la bronca; eso fue todo lo que hizo ya que no consiguió ponerme la cacharrería necesaria. Como no me avisaba de lo que iba haciendo y me molestaba un poco pues me movía. Y ella "no te muevas que no te la puedo poner" (léase con tono de chunga desconsiderada con una mujer con dolores de parto; ay, cuando le toque a ella como se acordará). Bueno, también hizo otra cosa: acojonarme. Le pregunté que qué pasaba, si es que no podía, si a veces no se podía... Y en vez de decirme que no me preocupara me dijo que sí, que en ocasiones no se puede. Pongo la mano en el fuego que esos casos son bastante excepcionales.


Total, que llegó Él, un anestesista dinámico, guapo, de bata ondeando al viento. En cuanto le vi, lo supe. Este me pone la epidural y me da hasta gusto, pensé. Muy al contrario de la chica, se le veía con una seguridad en sí mismo de enamorar. Me puso de nuevo anestesia local así que la zona estaba ya como el mar Muerto. Y, además, y muy importante, me explicaba cada paso que iba a dar de forma que yo me preparaba. He de decir que si la chica no me hizo daño, con ÉL no me enteré de nada. A mí me daba mucho yuyu. De hecho tener el cable por ahí tampoco me molaba mucho y me movía intentando que no se meneara lo más mínimo. Pero, vamos, que no te dejan una aguja dentro, ni eso se sale así como así; de hecho, te forran, por decirlo de alguna manera, el cable con esparadrapo. No temáis, preñadas del mundo: el gustito, por ausencia de dolor, que viene después, es una maravilla. Además es rápido, rápido y te echas unas siestas, sí, aunque no te lo creas, que no volverás a ver en meses/años ya que en breve tendrás a tu pollo entre tus brazos. Otro mierderconsejo es que os de la mano la matrona, si es majeta; da mucho soporte emocional, que parece muy jipi pero no. Además, así te sujeta también si te mueves un poquito, que no te mueves porque si tienes contracción avisas y se para la maniobra.
Pues nada, que no doy a luz, ¿eh? Pero es que me acaban de poner la epidural así que toca dormir.


Sigue leyendo el capítulo IV aquí


Nueve besos y un abrazo.