martes, 16 de septiembre de 2014

El No parto. Capítulo V. El parto. Y, al fin, llegó él.

Y, al fin, llegó él. Después de que ya casi estuviéramos tocaba empezar a empujar. Si te apetece, escucha Here comes the sun mientras lees. Es la canción que nos acompañó ese día.


Llegó todo mi público, a saber: ginebuenorra, gineburrocheri, matronaencantadora, gineanodino, estudianteconcaradepardillo1, estudiantecon caradepardillo2, matronannoreconocida. Una feria. Y sin entrada ni nada. Antes de entrar en faena y mientras la cama mutaba cual transformer para convertirse en potro de tortura le comenté, ahora a la ginebuenorra, que lo de empujar no lo tenía muy claro. Me dijo que no me preocupara, que empujara como si quisiera hacer caca, algo complicado cuando estás en modo Rambo-nosientolaspiernas. Y dejó caer que sí, que me haría cacotas, que no me diera apuro. Juas, juas, juas. ¿Apuro? ¿Después de que me hubiera metido mano medio hospital, de llevar tres días ingresada y diez horas en paritorio y de tener un público que ni la Pantoja? El pudor lo dejé cuando me puse el camisón ideal al llegar al hospital.
Tras uno o dos pujos, matronaencantadora me dijo cariñosamente que "ahora una horita de empujar no te la quita nadie". ¡Aaaaahhhhh! ¿Una hora así? ¿En serio? Que paren que me bajo. Pensado, no parece tanto, pero haciendo el esfuerzo...



Como había vaticinado ginebuenorra, cuando empecé a empujar bien me di cuenta; no sé cómo pero, pese a las horas de chute bueno (epidural), algo notas. Antes me aseguré, sin querer, del tema cacotas. Yo, muy voluntariosa y colaboradora, preguntaba que cómo lo iba haciendo y no se me ocurrió otra cosa que aseverar que no estaba empujando bien porque no me había hecho "popó". Sí, sí, sí. Pero no me había dado cuenta hasta que me dijeron que tranquila, que sí. Ups.
Ginebuenorra se podría decir que era mi fan y una auténtica cheerleader. ¡Qué gritos pegaba animándome! Cuando El Santo sénior la imita aún se me pone la piel de gallina. "!Vamos, N, vamos! ¡Muy bien, N, muy bien!" Una pasada. Eso, anima mucho.
La cosa es que yo pujaba y el niño bajaba. Pero, en cuanto dejaba de empujar, el niño volvía a subir. Mal empezábamos si estaba así de desobediente. Cuanto más empujaba yo menos respiraba El Santo sénior. Parir es duro, pero ver a tu mujer sufrir, preocuparte por cómo estará tu hijo y no poder hacer nada, tampoco debe ser muy agradable. Haciendo un acto heroico paré el parto y le dije "no te preocupes, tú tranquilo, que no pasa nada, que esto es normal". Ya, claro, eso me decía mi experiencia en partos. No  me lo creía ni yo. En realidad estaba flipada pensando que no sabía si sería capaz de estar así una hora porque estaba ya reventaita. Y debieron oler mi miedo porque el gineanodino (más que nada por la cara que no decía nada, ni guapo ni feo) se dispuso a ayudarme realizando la maniobra de Kristeller (qué cabrón el tal Kristeller), que consiste básicamente en que te espachurran la tripa, amasándotela hacia abajo para ver si el niño sale a propulsión. Que no lo hace y que además está, por lo visto y lógicamente si te imaginas como se va quedando todo por dentro, contraindicado intentarlo. Pero aunque lo sospechaba tampoco iba a decir nada en ese momento, la verdad. Estaba totalmente entregada y confiaba en el buen hacer de mi público.
Pero ni Kristeller ni su primo; el Santo no salía. El gineburrocheri entra en escena (es el cheri, supervisa pero no actúa) y dice que el maromo para fuera (cuando sacan artillería los acompañantes se tienen que ir en este hospital) y que fórceps que te crió. La verdad es que yo lo estaba viendo y estaba deseando que lo dijeran porque si hay que empujar se empuja pero empujar pa na... El Santo sénior ya había perdido el color totalmente. Por suerte, nos hicieron el favor de no sacarle fuera de la planta de paritorios, que es lo habitual, y le dejaron quedarse al otro lado de la puerta, de forma que no tardaría nada en entrar cuando El Santo júnior hiciera su aparición estelar. Lo siguiente, vino rápido. Trajeron los cubiertos de ensalada (fórceps) que yo no quería ni ver pero que vi. E, imagino, que del tirón pa dentro. Noto que me están descorchando y que me va a ESTALLAR el tema, si bien no hay dolor. Creo que hasta subí las caderas de la impresión, o igual subieron por el tirón de los fórceps. Y, ¡ya está El Santo fuera! "Mira a tu hijo" Y yo "no quieroooo" "Pero bueno, cómo no lo vas a mirar" Y sí, ya abrí los ojos. El problema es que me lo imaginaba como pinchado en un tridente o algo así por lo de los fórceps. Pero noooo. Me encontré en mi ángulo de visión derecho una bolita ensangrentada monísima, enroscado en sí mismo.

Infografía del nacimiento de El Santo

Después, nada de piel con piel (es lo que tiene un parto con instrumentos). Lo metieron en una cuna caliente o algo así. Y yo lo miraba y veía como que le salía la mano del tronco y preguntaba "¿está bien?" y todos "sí, sí", "qué bonito" "uy, qué chatito es" y yo pensando "cabrones, no me engañéis, que no tiene bracito". Luego ya lo estiró y respiré tranquila. Aunque lo de chatito no lo entendía; primero porque se me hacía que todos los bebés son chatos, que ahora que me fijo veo que no, que hay algunos Cyrano de Bergerac desde el útero materno. Y, en segundo lugar porque El Santo sénior y yo era físicamente imposible, dadas nuestras napias, que tuviéramos un descendiente "chatito". Pero oigan, a día de hoy sigue chatito, monísimo. Yo creo que le crece todo menos la nariz. Pero bueno, cuando sea adolescente le saldrá una señora tocha que le aportará muchísima personalidad. (Juas, juas, juas. En cualquier caso, amo las narices grandes; no en plan gordas, sino grandes)
El Santo sénior entró en cuanto le dejaron y fue en mi busca. besito, besito, ya se ha acabado. Según me contó la ginebuenorra mientras me hacía una obra de ingeniería en forma de zurzido, ella tiene la teoría de que el marido que va primero a ver a su mujer y luego ya se preocupa por el hijo, es que está muy enamorado de su mujer. Excepto por este detalle, no se puede negar que, entre noquieroverle y lefaltaunaextremidad, muy bucólica, maternal y amorosa  no era la escena, ¿verdad? Pues para terminar de dotar al momento de un encanto especial, me lo meten en una pseudoincubadora y me lo fríen. Tenía quejido, vamos, que le estaba costando un poquito respirar (según el Santo sénior parecía una rana croando) "Esta cuna no calienta, mejor lo ponemos aquí con un poquito de oxígeno a ver si se le pasa el quejido" Y oxígeno yo creo que no le llegaba y no le achicarraron de milagro. A ver si se ha quedado friturri y por eso es tan bueno. Avisamos y ya lo modificaron pero vaya telita. No sabían cómo funcionaba.
Pero, previamente, disfrutamos del zurcido y visualización de la placenta. El Santo, sénior, de siempre un aprensivo increible, se vino arriba. No entiendo cómo se puede pasar de que te de grima hasta que te hablen de un embarazo, de un feto... a disfrutar mirándole el cogote a tu hijo en el canal del parto, viendo la placenta de tu mujer y haciendo seguimiento del costurón que le están haciendo en salve sea la parte. Pero, así fue. El Santo llamo a mis padres y, la pregunta de rigor, número de puntos. La ginebuenorra, de charleta conmigo, le dice que "qué manía con saber los puntos; di que tres o cuatro". Sí, tres o cuatro decenas. Vamos, que yo no lo ví, pero tardo un ratazo, cierto que el cachondeo que teníamos algo ralentizaría la faena, pero, aún así. Tres o cuatro no, pero DOS DECENAS, parece ser que sí, según me informan el Santo y mi Doña (madre). Por si me picaba mucho la curiosidad, un día, viendo las tartas de baby shower más terroríficas del universo El Santo señaló la siguiente y dijo que, quitando la cabeza que no la vio salir, la cosa pintaba tal que así


He de decir que me parece del todo innecesario que me diera esta información.

Nos fuimos del paritorio sin el PAPEL! Ese IMPRESCINDIBLE para registrarle y que si lo pierdes, tienes que denunciarlo (supongo que para que nadie usurpe la identidad de tu querubín). Unos padres responsables desde el minuto uno. Que no se diga. Pero es que estuvimos esperando una hora larga, además del tiempo que te dejan en paritorio, a que la pediatra viniera de cenar a ver si la ranita se había convertido en bebé y podíamos subirla con nosotros. Habían pasado casi catorce horas desde que entré en esa habitación. Siendo sincera, la verdad es que la idea de que se lo llevaran a neonatos tampoco me parecía lo peor del mundo. Me explico. Yo crero que lo asumí y que veía al niño bien y que claramente era un tema preventivo en plan siglo XXI cero riesgos. Además, ya siendo sincerísima, pensé que así podría descansar. Pero no, no descansé porque afortunadamente el Santo júnior había mejorado y se vino con nosotros. Y, desde entonces, hasta ahora, y lo que te rondaré morena. Acababa de empezar no una, sino tres vidas nuevas; la de El Santo júnior, que comenzaba totalmente y la de El Santo sénior y la mía, con los nuevos roles de papá y mamá a los que aún no hemos terminado de acostumbrarnos. Tal vez cuando de su boca salgan estas palabras. Y, hoy hablaba con un compañero de que, cada día, le quiero más, hasta me gusta cuando se despierta, si no es mucho, porque así le puedo achuchar. Si bien fue amor en diferido, no tanto a primera vista. Como me dijeron una vez "vamos, que a ti te lo dan y tú le tienes que querer porque es tu hijo pero...". Me hizo mucha gracia y me pasó parecido. Aunque sé que hay personas a las que les entra un arrebato tremendo creo que eso no resta un ápice al amor que siento por él y que la vida es muuuuy larga y el movimiento se demuestra andando.
Conclusiones: parir no es pa tanto (y eso que no fue un camino de rosas lo mío precisamente); si doy a luz de nuevo quiero ser igual de valiente pero "disfrutarlo" todo más desde el principio.

Mi más sincera admiración a TODAS las mujeres que parieron con dolor porque no había otra o porque, con un par, pudieron elegir y así lo hicieron. Pero también, mi más sincera ADMIRACIÓN a TODAS las mujeres que han parido. Porque, hay un antes y un después en la vida de una mujer que ha traído un hijo al mundo, con independencia de cómo fuera, de si se deseaba o no, de si fue más o menos fácil, de si tuvo un flechazo con su bebé o no, de si le dieron muchos puntos o pocos... Como dice el tío Niki (primo de El Santo sénior), nos deberían pagar por parir.
(Por cierto, ya que hemos empezado con música, acabemos igual; también sonó la melodía de un móvil y era esta canción, lo que me hizo flipar. Si la escuchas lo entenderás.)


Nueve besos y un abrazo.