viernes, 29 de agosto de 2014

El No parto. Capítulo II. Y se hizo de noche... y de día

 Y se hizo de noche... y de día.
Imagen tuneada tomada de http://www.freepik.com/free-vector/doctor-characters-pack_738193.htm
El capítulo I, llegada y primer día de hospital concluyó con una duchita nocturna, tras haber pasado el día ingresada pero como una lechuga, con "dolores de regla, es decir, contracciones no reconocidas en aquel momento como tales, pero si sospechosas. No le dije nada a El Santo sénior para que no se hiciera ilusiones la criatura. Pero, poco a poco, fueron a más. Ya me visualizaba prácticamente haciendo pujos. Porque yo, con mi positividad habitual, por la mañana pensé que por la tarde empezaría la juerga y, no empezando, tenía claro que por la noche y ya, cuando empezaron las molestias, estaba pidiendo cita en el paritorio. Eso era lo suyo ya que el lunes, primer día, estábamos a verlas venir, esperando a que me pusiera de parto yo solita. Si no se daba el caso, al día siguiente comenzaría la inducción, con un medicamento que se "trabaja" el cuello del útero, ablandándolo y adelgazándolo (para ver si así empiezan las contracciones) y, si tampoco, el miércoles, tercer día de hospitalización, con chute de oxitocina en vena. Hasta que fui consciente de esto paso muchooo tiempo. No sé si estaba atontada o qué pero no tenía claro cómo iba a ser el proceso, qué me harían cada día... Me daba cuenta justo antes. Tampoco creo yo que me lo dejaran claro clarinete. En cualquier caso, hasta el miércoles no íbamos a llegar hombre.


La cosa parecía ir cogiendo ritmo esa noche. Nos pusimos a contar la duración y frecuencia de las contracciones con una aplicación para el móvil y, la verdad es que eran frecuentes, si bien no duraban mucho. Y también nos hacíamos un poco de lío, el móvil no iba bien... lo típico. Pero eran más o menos cada cinco minutos. Y claro, una ya se piensa que se le va a escurrir el niño. Qué ilusa. Avisé a la enfermera porque, la última vez que había estado en monitores, de las no sé cuantas que ya me habían bajado, me dijeron que, si por la noche tenía contracciones, llamara. Y yo, que soy muy obediente, así lo hice. Tenía clarísimo que de parto no estaba pero, como tenía la bolsa rota pensé que, por protocolo, si había contracciones, me tendrían que valorar. Así que allí me bajaron, en mi sillita de ruedas (qué tostón tener que esperar a que me recogieran para llevarme y para traerme). Por supuesto, me toco la gilipollas. En todos lados hay alguien gilipollas, ¿no? Pues estaba allí ese día a esa hora. Me echó la bronca por haber avisado ya que no estaba de parto. Y yo diciendo "ya, señora, eso ya lo sé yo pero me han dicho que si tengo contracciones lo diga". No contenta con eso, me dijo que me tenía que hacer un tacto, y que, en mi caso, me tendrían que hacer más probablemente y podía tener una infección y fiebre... Música de funeral, vamos. Menos mal que no se especializó en psiquiatría la tía. Lo que me faltaba en ese momento a las tres de la mañana, cansada y preocupada, es que me dijeran ese tipo de cosas y me hablaran mal. En condiciones normales, le hubiera dejado las cosas claritas con respecto a lo que me parecía su comportamiento. Pero, cuando vas a parir... te sientes infedensa. Luego, reculó un poco al ver que las contracciones eran más frecuentes e intensas de lo que parecían. Y nada, un poco de metemano, el ratazoito de rigor eschuchando el corazoncito de El Santo y para arriba de nuevo. A ver qué pasaba.


Dormimos poco y mal pero oye, para eso estábamos. O no. Pues no, iba a ser que no. Por la mañana, cuando volvemos de nuevo a monitorilandia ¡se paran las contracciones! ¿Cómo, perdón, se han quedado en el ascensor, me las ha robado una preñada con prisa? En cualquier caso, comenzaba la inducción. Ya si que sí, me decía a mí misma. Yo en mis trece, a ver si con la ley de la atracción conseguía ponerme de parto y hasta que el niño saliera flotando. A lo largo del día, muy agradablemente, me introducirían tres dosis de pontedeparto en forma de pastilla vaginal (no recuerdo el nombre ni lo encuentro en san google; me sale Mitosyl, una crema para el culete del bebé; buena señal porque me invento yo que significa que está superado el trauma)
Se supone que "con la primera pastilla igual no, pero con la segunda suele empezar la cosa; y, si no, con la tercera casi seguro". Eso quién, ¿la embarazada de la habitación 517? Porque yo, nada de nada.Y aquello fue como la canción del barquito chiquitito: pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco... doce horas y tres pastillas vaginales después (una casa cuatro horas), con su correspondiente metemano por supuesto, estaba más para irme a mi casa que para ponerme a parir. Mi gozo en un pozo. Pero, arriba ese ánimo, que esta noche me pongo de parto FIJO (oýeme bien hijo mío porque te vas a quedar sin paga y sin salir per sécula seculórum). Y así iba a ser. ¿O no?


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Nueve besos y un abrazo.