jueves, 7 de agosto de 2014

Así nos enteramos

Así nos enteramos, con una prueba de embarazo baratucha hecha a escondidas. Poco de película romanticona.
A la vuelta de la honeymoon tenía ya el presentimiento y me notaba raruna, raruna; fundamentalmente caliente, como un poco febril, y con molestias barriguiles no asociables con nada.
La tarde del mismo día en el que tenía que venir mi amiga mensual, ausente ya desde hace catorce meses y medio, lo vi claro. Varias horas de reunión en el trabajo y yo no hacía más que pensar "en cuanto acabe, cojo el coche, me fumo un piti, que me veo que es el último, y voy a la farmacia a comprar una prueba de embarazo". Y eso hice. Una vez en casa, esperé a que llegara el Santo sénior y a tener ganas de hacer pipí. Pero me callé más que la h y me hice la prueba a escondidas, esperé el resultado a escondidas y flipé a escondidas.

Entonces dije con voz trémula "Santo, ¿puedes venir?". Parece ser que me contestó un "qué quieres" de esos de acabo de volver de currar y quiero paz y que nadie me hable en un largo rato pero yo, inmersa en mi estupefacción,  ni me enteré. Entró en el baño y, como él dice, le hice "CHIIIN" mostrándole ese cachivache totalmente ajeno a él. Y ahí empezó el solo hay una raya/ que no que hay dos/pero una es muy clarita/ pero pone el el prospecto que si hay raya hay bombo/que solo hay una raya/que no, que es clarita... Y así sucesivamente durante 10 minutos. La siguiente fase, mis lloros de muero de miedo y sorpresa, El Santo que se viene arriba y me dice que pues qué bien (momento delirio de grandeza)... Me entraron unas ganas locas de bebérmelo y fumármelo todo. Y tampoco es que me hinchara yo a copas; de hecho hay un serio cachondeo por lo que me dura cualquier cosa con alcohol. La verdad es que no recuerdo muy bien qué más pensé. Supongo que por la intensidad del momento y porque tengo memoria de pez. En realidad es que no me lo creía y siempre quedaba la esperanza de la tenue raya. Decidimos esperar un par de días y repetir el experimento. Y así, hasta tres veces en cinco días. Y siempre positifo. Y nosotros como santo Tomás, si no lo veo no lo creo, fuimos al ginecólogo y, voila, allí estaba, o al menos eso decía él porque lógicamente no se veía apenas nada y menos nosotros. Y después de toda la exploración, de la pregunta que más se repite en los siguientes nueve meses de cualquier embarazada, "¿fecha de la última regla?", de explicarnos lo que en aquel momento era El Santo júnior, blablabla esta claro que AHÍ hay ALGO, coge el sénior, al que se le iban a salir los ojos de las órbitas y, ni corto ni perezoso pregunta titubeante, "pero, entonces, ¿está embarazada?". Descojone del médico y respuesta sentenciadora: "EMBARAZADÍSIMA". Dada la dispersión habitual de El Santo sénior y lo que se veía, no es de extrañar que preguntara. Era solo una sombra que a mí me recordaba a los chicles que tira la gente cochinota al suelo y se quedan negruzcos. Y tal cual, el pequeño santo fue nombrado durante bastante tiempo como El Chicle. Angelito. A Mi Doña y abuela de la criatura le parecía, lógicamente, lo peor, y lo catalogaba de garbancito y otras cursiladas por el estilo.

En la consulta del ginecólogo
Tampoco es que fuéramos unos inocentes y no supiéramos lo que hacíamos en el viaje pero fue un susto una sorpresa con mayúsculas. 

¡BENDITA SORPRESA!



Nueve besos y un abrazo.