martes, 29 de julio de 2014

Nueve+uno=1

Nueve y uno, exactamente nueve meses y un día después de nuestra boda, nació El Niño, también conocido como El Santo. "Xustiño, xustiño", como dijo el cura que nos casó.
Nunca había pensado en tener un blog, más allá del que creé para la boda, con el típico cómo llegar y esas cosas. Pero las bondades del postparto, que nadie me había anunciado, hicieron que me picara el gusanillo. Mi amiga La Valenciana, El Santo sénior y Mi Doña (querida madre aguanta postparto a la que debo dedicar una entrada) me animaban a ello. Pero un bebé recién nacido tiene la característica de dejarte tiempo libre xustiño; vamos, que das gracias si te duchas dignamente, te depilas las cejas de semáforo en semáforo usando el retro del coche y escondiéndote de conductores curioriosos (peor es sacarse mocos, creo yo) y el máximo que sale de tu cocina es un filete a la plancha que haces mientras le narras cantando lo que vas haciendo a El Santo júnior.
Pero hoy, cinco meses y tres días después de la gran hazaña de traer al mundo a El Niño, me he lanzado, pese a que de tiempo voy igual, dado que estoy con la abuelada, a la que se ha sumado hoy tiada, y que AL FIN surgió el nombre para este lugar de reflexión y desahogo. También influye que El Santo jr. lleva dos noches sin hacer honor a su nombre y, como siempre desde ya ni recuerdo, sin cerrar una pestaña por el día, lo que hace que necesite dejar de sentirme una extensión de su cuerpo. Es más cansancio psicológico que físico y creo que contarlo ayuda.
Aún queda tunear el espacio, que entre iPhone y/e (no sé cómo se pondrá y no tengo tiempo para buscarlo ahora) iPad viejuno no soy capaz, ordenar ideas y aprovechar las largas tomas de El Niño para ir plasmando este mundo de nuevas emociones y sensaciones así como dejando atrás, literal más que metafóricamente porque lo malo está más que superado, las batallitas perinatales. Igual a alguien le ayuda leerlas.



Nueve besos y un abrazo.